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| La Calistrada Dentro de todo el proceso que significa la fiesta de carnavales en la provincia de Jauja, ocupa un lugar de particular importancia la denominada Calistrada, costumbre que tiende desapartecer. Los autores que han dejado algunos testimonios, como Alejandro Contreras Sosa o Cesar Nuñez Arroyo, afirman que el viernes, antes del domingo de carnaval, la población esperaba ansiosa el paso del Correo de S. M. don Calixto, que era el rey de la risa y debía hacer ordenanzas para cumplirse en los días de que su voluntad impone para los días de carnaval, mediante bandos leídos y distribuidos por pregoneros de su corte. Al día siguiente, es decir el sábado, su Majestad don Calixto (Rey Momo) "tomaba la ciudad. El séquito de don Calixto se integraba de la siguiente manera: Pimienta, una mujer supuestamente bellísima, payasos, charros, incas, príncipes, esclavos, gauchos y murga de cantores, los que decretaban libertad de juerga, imponían guerrear con globos, serpentinas y lazos de amor. Antes de los días de carnaval, vecinos de los barrios, especialmente los jaranistas y bohemios, en altas horas de la noche se reunían en la casa de algún amigo, y allí creaban las nuevas melodías de las mulizas y huaynos, entre copas correcciones y chistes. En estas reuniones también se redactaban los bandos, que serían leídos a la entrada del Rey Momo y su séquito, con denuncias jocosas que mostraban la turbia vida de los ciudadanos notables y de autoridades pícaras; o de algún fulano que compartía su corazón con más de una (sin herir ni insultar). Aquellos bandos contenían frases en castellano y quechua referidos a hechos que conmovían y alegraban a los ciudadanos. La obligada concentración, unos años se iniciaba en el barrio de La Salud, otros en el de La Samaritana, otros en La Portada (hoy puente Ricardo Palma) y otros en La Alameda, hoy plaza de Santa Isabel del barrio de La Libertad. Desde el punto de partida se recorría las calles con bullicio exagerado, que concordaba con los pasos alegres de los participantes y sus vestimentas estrafalarias, cubiertas con máscaras de facciones monstruosas y jocosas, todo ello dentro del marco de sonoros cohetes. Entre los disfrazados resaltaban los mendigos, tinterillos y curas; otros copiaban el vestir de ciertos ciudadanos que en algo habían perjudicado al pueblo, imitando su cadencia al caminar y demás ademanes, que causaban jocosidad. En cada esquina se leía el bando que siempre empezaba con la frase de: "Su Majestad don Calixto ( ) Rey y Señor Omnipotente, dueño de la Corte Celestial", luego se describía hechos y cosas que algunos ciudadanos y entidades no habían cumplido. Después venía el decreto, con sus diez o quince artículos, ordenando que tal o cual ciudadano debía cumplir estrictamente, o se le llamaba la atención para corregir sus errores, y se recomendaba que toda la ciudadanía olvidara su tristeza, que todo fuera alegría, y para su cumplimiento se designaba a tal o cual ciudadano. Luego se remataba con la firma de personajes inventados. Estos bandos se obsequiaban a los presentes. En el segundo día de carnaval se realizaba el desfile de carros alegóricos, en el que participaban todos los barrios de Jauja: de La Libertad, de Huarancayo, de Huacllas, de La Samaritana, de Cruz de Espinas, de La Salud, de Yauyos, de Chinchán; con sus respectivas instituciones, apoyando la efervescencia carnavalesca. Los carros alegóricos salían a las tres de la tarde, precedidos de una comparsa que se distanciaba una cuadra de carro a carro. En cada carro alegórico iba la reina de cada barrio, y los varones hacían conocer su inspiración poética, acompañados de guitarras, quenas y mandolinas. Generalmente, este desfile de comparsas, duraba hasta las siete de la noche, siempre con la presencia de numeroso público. |
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