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EL VALLE de Jauja, país,
de maravilla donde las piedras cuentan consejos y cada cerro guarda una
leyenda. Entre pequeños contrafuertes andinos se abre el paisaje.
Caleidoscopio de brillante y mágica policromía con partitura
de pájaros cantores.
En el tiempo en que en suena la "huajla" carnavalesca, debajo
de los días lluviosos, florecen todas las plantas; y es como si
la luz se hubiera descompuesto para dejarle sus colores a las flores del
campo. Al borde de los trigales, a la sombra de los cercos azules del
"chahual", en las vertientes, nace la retama de amarillo infinito
que al verla alegra el alma y perfuma el corazón; nace el "murmuncho"
de color violeta, el "chuncho huayta", el "tal tal",
el "pacte", el "cardo santo", el "chinchillcumu";
y toda una variedad fabulosa de flores serranas que el indio mestizo deja
crecer, para que los "huamblas" encuentren el color de sus "huiscatas".
En este cofre cincelado, primorosamente, por la mano de los siglos, habitado
desde obscuro tiempo por el hombre americano, la vida ha ido depositando
su sedimento de cuentos y leyendas. La génesis de la laguna de
Paca, y aun el de los cerros, las piedras, los parajes, ha sido concebida
por la imaginación del hombre con um animismo conmovedor. Toda
naturaleza que ha parecido revelar una intuición ha sido interpretada
por el alma cosmogónica de los huancas; así, dos rocas del
camino se convierten en " Toro Rumi" y "Huaca Rumi";
seres que en la noche del "guaño.", cobran vida y quieren
aparearse, mientras que los viejecitos de Huancas . escuchan los bramidos
del macho, con los oídos" que tienen para estas cosas.
La leyenda y el cuento flotan sobre todos
los bellos lugares del valle. El tiempo prehistórico, el Incanato,
la Colonia, la República, han sido períodos ricos en creaciones
mitológicas y acontecimientos históricos; y por el camino
que vayamos una voz innovada nos va contando, de nuevo, el sabroso decir
de los viejos o la crónica leída en las doradas páginas
de Garcilaso.
Pero, esta tierra, de alegre paisaje y embelesante pasado, es tierra de
otra realidad, para él hombre que la vive y que ve en ella la fuente
de toda buenaventuranza. Por la tierra por sus animales, el indio mestizo
es capaz de matar o permitir que lo maten; constituyen su vida, aunque
no su Dios, como creen algunos indigenistas, para quienes el indio es
un ser único, inmutable y sin posibilidad de evolución.
El indio , mestizo de estas comunidades tiene un concepto claro de la
trascendencia de Dios; aquí no hay el "Orjo-Tayta" de
las sierras del Sur. Lo que, acontece es que el indio mestizo tiene su
filosofía propia y concibe el Ser Supremo, según la dea
que él tiene lo supremo. En su espíritu, pragmático,
lo útil para la Vida es la última verdad. Así, Dios
debe ajustarse a sus inmediatos intereses vitales para que tenga valor
supremo.
Entre el Solsticio de verano y el de invierno, el indio mestizo celebra
casi todas sus fiestas religiosas, por que es la época de las faenas:
siembra, cultivo, cosecha; y le interesa estar bien con Dios, para que
haga llover mucho y no mande "hielos". En el Santuario del Señor
de Paca, dicen las gentes, que el Tayta ha sido agricultor y que tenía
su "cerco" de habas. Por eso el viernes, después del
famoso "shajteo" de jueves de comadres, los hombres fuertes
de la comunidad juegan el "habas-sullay", deporte que simboliza
el trabajo en los campos del Señor. Una vez al año, el indio
mestizo celebra fiesta en el corral de sus animales; y hace que sus vacas
y carneros compartan con él su chacta, su coca, su quinua. Ese
día los marca, los adorna, les hace regalos, les habla, les canta,
y pide a San Juan y a Santiago por ellos, santos bajo cuya tutela se celebra
la herranza en todo el valle. Toda esta conducta se explica por la concepción
filosófica que el indio mestizo tiene del universo: el hombre como
centro: Dios y el mundo a su servicio. Esto sería un individualismo
existencialista, si el indio mestizo no agregara su credo, de que la vida
del hombre depende de la de Dios. Este hombre, dentro .de su comunidad,
regido por sus leyes y tradiciones, en medio de su paisaje es un ser feliz
y alegre. No hay mejor pagador que él ni quien lo aventaje en la
ejecución de sus numerosas danzas típicas.
Identificándose con este panorama del paisaje y la realidad social
del valle de la provincia de Jauja. se encuentra la realidad cultural
que representa el trabajo de sus intelectuales y artistas, completándose
así la extensión de la vida, que es realidad e imaginación.
Como todo pueblo culto y sujeto a la ley universal de sociabilidad, Jauja
da muestras de su vigilia frente a los problemas de época, adquiriendo
categoría en el campo de la cultura nacional y americana. El intelectual
vallino es consciente de la realidad del momento que vive; sus ojos y
su mente están pendientes en la hora trascendental de su hombre,
y su corazón no escapa al mandato de la Pitonisa Pachamama. Por
eso es sedentario, como la planta; y si se aleja de su surco la saudade
lo mata, y escribe bellos libros de nostalgias, como aquel "JAUJA"
de Ernesto Bonilla del Valle. El jaujino que se queda con el ombligo pegado
a la tierra, se llena de su savia; y se vuelve paisaje, leyenda, valle,
indio mestizo. En la pintura de Wenceslao Hinostroza y Miguel Nuñez,
encontramos el colorido y la , luminosidad del paisaje. En Clodoaldo Espinosa
Bravo, Abelardo Solís, Víctor Modesto Villavicencio y Adolfo
Bravo Guzmán, descubrimos el problema social de esta tierra, como
parte del problema social americano, no en: concepto puramente localista.
El hombre, la tierra, el paisaje la leyenda
cautivan; y el cholo culto se deja blandamente
cautivar. Pedro Monge, con sus cuentos y su cancionero folklórico,
es un cautivo del corazon popular, como de la leyenda lo son Miguel A.
Martínez y Manuel J. del Valle y muchos poetas cantan a esta hembra
hechicera que no se acuesta al amor: Alejandro Contreras Sosa, Moisés
Ortega, Juan Moya Peralta.
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